
María Angulo Pérez
Consultora de transformación digital
Centro de Cálculo de Álava
Socia desde 2024 · Secretaria general
Tecnología y digital
Vitoria-Gasteiz
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Convencida de que la tecnología tiene sentido cuando mejora la vida de las personas. Ingeniera informática, consultora de transformación digital y comprometida con la divulgación, el liderazgo femenino y el talento STEAM.
En sus palabras
Muchas veces el cambio no viene de grandes discursos, sino de crear redes reales donde las mujeres puedan apoyarse, compartir experiencias y acceder a proyectos o colaboraciones.
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Transformación digital que mejora el bienestar de las personas
María Angulo lleva más de veinticinco años vinculada a la evolución de los sistemas de información en el sector público, un recorrido en el que ha ido desplazándose desde la programación y el análisis funcional hacia la consultoría de transformación digital y estrategia tecnológica.
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La entrevista
«La transformación digital no va de sustituir lo que existe»
Llevas desde el 2001 trabajando en proyectos de digitalización en el sector público, ¿qué es lo que más valoras hoy cuando acompañas procesos de transformación en organizaciones?
Lo que más me motiva hoy es ver cómo la tecnología deja de ser algo “técnico” para convertirse en una palanca real de mejora en las organizaciones y, sobre todo, en la vida de las personas.
Después de muchos años trabajando en proyectos de digitalización en el sector público, he aprendido que la clave no está solo en la tecnología, sino en entender bien el problema que hay detrás, escuchar a las personas implicadas y traducir todo eso en soluciones que sean útiles y sostenibles.
Me sigue ilusionando especialmente acompañar procesos de cambio, porque cada organización tiene su propio ritmo y sus propias resistencias, y ahí es donde realmente se genera valor: en ayudar a que la transformación no sea solo un objetivo, sino una realidad que se adopta y se vive en el día a día.
Y si algo he confirmado con el tiempo es que la tecnología avanza muy rápido, pero lo que realmente marca la diferencia son las personas que la impulsan y la hacen posible.
Cuando una organización pública quiere transformarse, el cambio no es solo tecnológico. ¿Qué es lo más difícil a la hora de impulsar esa transformación en las personas y en la forma de trabajar?
El mayor reto en cualquier proceso de transformación digital no es la tecnología, sino las personas y la forma en la que trabajan.
En el sector público, donde los equipos tienen mucha experiencia y procedimientos muy consolidados, el cambio requiere tiempo, escucha y mucha pedagogía. No se trata de imponer nuevas metodologías o herramientas, sino de ayudar a entender el “para qué” del cambio y acompañar la transición de forma progresiva.
En mi experiencia, lo que mejor funciona es empezar por casos concretos y cercanos, que permitan ver resultados reales y rápidos. Eso genera confianza y ayuda a que el cambio deje de percibirse como algo teórico para convertirse en algo útil en el día a día.
También es clave crear espacios de colaboración entre perfiles distintos: técnicos, gestores y usuarios. Cuando se alinean esas perspectivas, las soluciones que se diseñan son mucho más realistas y sostenibles.
Al final, la transformación digital no va de sustituir lo que existe, sino de evolucionarlo con sentido y con las personas en el centro.
Como Secretaria General en la Junta Directiva de AMPEA, ¿cuál es tu visión sobre el papel de la mujer en los puestos de toma de decisiones y cómo trabajas para generar nuevas oportunidades en el mercado?
Creo que el papel de la mujer en los puestos de toma de decisiones está cada vez más consolidado, pero todavía queda camino por recorrer para que esa presencia sea realmente equilibrada y normalizada en todos los ámbitos.
Más allá de la representación, lo importante es que las mujeres estemos en espacios donde se decide, se diseña y se transforma. Y eso implica no solo acceder a esos puestos, sino también sentirnos con la confianza y las oportunidades necesarias para ocuparlos en igualdad de condiciones.
Desde mi experiencia en AMPEA, lo que intento aportar es precisamente eso: generar conexiones, visibilizar referentes y abrir puertas a nuevas oportunidades profesionales. Muchas veces el cambio no viene de grandes discursos, sino de crear redes reales donde las mujeres puedan apoyarse, compartir experiencias y acceder a proyectos o colaboraciones.
También creo que es clave impulsar la colaboración entre generaciones, porque el talento joven aporta nuevas miradas que enriquecen mucho la toma de decisiones.
Al final, se trata de construir un entorno donde las mujeres no solo lleguen a los puestos de responsabilidad, sino donde puedan desarrollarse plenamente y con confianza.
Has sido profesora en la Universidad de Deusto y mentora en Inspira STEAM. ¿Qué le dirías a las jóvenes que tienen miedo a las carreras tecnológicas para que se atrevan a liderar la transformación digital?
Lo primero que les diría es que el miedo es normal, especialmente cuando una carrera parece “muy técnica” o alejada de lo que han visto hasta ahora. Pero ese miedo no debería ser un freno, sino una señal de que están ante algo nuevo que merece la pena explorar.
Las carreras tecnológicas no son solo para perfiles muy concretos o “genios de la programación”, como a veces se piensa. Son espacios muy amplios donde caben muchas habilidades: la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad de resolver problemas o de entender cómo mejorar la vida de las personas con la tecnología.
A lo largo de mi experiencia como profesora y mentora, he visto cómo muchas jóvenes descubren su potencial cuando se les da la oportunidad de probar, equivocarse y aprender sin presión. Y ese momento en el que “se dan cuenta de que pueden” es muy potente.
También les diría que no tienen que hacerlo solas. Es importante buscar referentes, apoyarse en otras personas y rodearse de entornos que acompañen ese crecimiento.
La transformación digital necesita miradas diversas, y las mujeres tienen mucho que aportar. No se trata solo de entrar en el sector, sino de formar parte activa de cómo se diseña el futuro.
Para cerrar, desde tu experiencia en transformación digital en organizaciones públicas, ¿cuál consideras que es el primer paso imprescindible para modernizar una organización sin perder de vista a las personas?
El primer paso, sin duda, es entender bien qué problema se quiere resolver y para quién se está haciendo el cambio.
A menudo las organizaciones empiezan hablando de tecnología, herramientas o soluciones, cuando en realidad lo más importante es parar y analizar la situación de partida: qué necesita la organización, qué necesitan las personas que trabajan en ella y qué valor se quiere generar realmente.
A partir de ahí, la tecnología deja de ser el punto de partida para convertirse en un medio. Y eso cambia completamente la forma de abordar la transformación.
También es clave no intentar abarcar todo a la vez. Empezar por iniciativas pequeñas, concretas y visibles ayuda mucho a generar confianza y a demostrar que el cambio es posible sin generar rechazo.
Y algo que considero fundamental es mantener siempre a las personas en el centro: escuchar, acompañar y tener en cuenta los ritmos de adopción. La modernización no es solo un proyecto tecnológico, es un proceso de cambio cultural.
Cuando se consigue ese equilibrio entre visión, realismo y acompañamiento, la transformación digital no solo funciona, sino que se sostiene en el tiempo.
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