
Elena Fernández de Pinedo
Directora de Edacex y consultora en educación internacional
Edacex
Socia desde 2025
Educación, cultura y formación
Vitoria-Gasteiz
Puedo ayudarte con
Directora y fundadora de EDACEX. Asesoro a familias en programas de educación internacional, ayudando a estudiantes a vivir experiencias académicas en Canadá, Irlanda y UK, con un acompañamiento cercano y personalizado.
En sus palabras
Creo que el equilibrio perfecto no existe, pero sí es importante disfrutar de tu trabajo sin olvidar que también hay vida fuera de él.
La entrevista
«El equilibrio perfecto no existe»
Elena, ¿cuál ha sido tu mayor reto como mujer empresaria al consolidar Edacex y qué aprendizaje clave te dejó?
Creo que emprender te enseña, sobre todo, a tener paciencia. Cuando empiezas quieres que todo salga bien desde el primer día, pero con el tiempo descubres que las cosas importantes se construyen poco a poco.
En nuestro caso trabajamos con algo muy valioso, la confianza. Cuando unos padres deciden que su hijo se vaya a estudiar al extranjero durante varios meses, no solo están eligiendo un programa, están depositando en ti una enorme responsabilidad.
Ese ha sido, probablemente, el mayor reto y también el mayor aprendizaje. Entender que la confianza se gana día a día, cumpliendo lo que prometes, siendo honesta y estando ahí cuando realmente te necesitan.
Lo que más ilusión me hace es que muchas de las familias que llegan hoy a EDACEX lo hacen porque otra familia les ha hablado de nosotros. Creo que no hay mejor reconocimiento que ese.
Vuestro punto fuerte es la atención cercana y familiar. ¿Cómo influye el liderazgo empático a la hora de ganarte la confianza de padres y alumnos?
Influye en todo.
Siempre digo que nuestro trabajo no consiste solo en organizar un intercambio. Consiste en acompañar a una familia en una de las decisiones más importantes para sus hijos.
Yo también soy madre y entiendo perfectamente las dudas, la ilusión y los nervios que sienten los padres cuando llega el momento de despedirse de ellos en el aeropuerto.
Por eso intento escuchar mucho antes de aconsejar. Cada estudiante es diferente y no creo en las soluciones estándar. Me gusta conocer bien a cada familia, entender qué busca y recomendar el programa que realmente mejor encaja con ese chico o esa chica.
También considero muy importante conocer personalmente los colegios y a las personas con las que trabajamos. Viajo cada año para visitar los destinos y reunirme con nuestros colaboradores porque me gusta recomendar aquello que conozco de primera mano.
Creo que esa cercanía hace que las familias sientan que siempre hay alguien al otro lado que las conoce, que responde cuando lo necesitan y que las va a acompañar durante toda la experiencia.
Más allá de aprender idiomas, ¿qué competencias clave aporta una experiencia internacional a las y los jóvenes para que sean los líderes del mañana?
El idioma es muy importante, pero, sinceramente, creo que es casi una consecuencia de todo lo demás.
Lo que realmente cambia a un estudiante es salir de su zona de confort. Aprenden a desenvolverse solos, a convivir con personas de otra cultura, a resolver situaciones nuevas y a confiar mucho más en sí mismos.
Cada año tenemos la suerte de ver esa evolución. Llegan con ilusión y también con muchas dudas. Meses después vuelven siendo chicos y chicas mucho más maduros, más autónomos y con una visión del mundo mucho más amplia.
Creo que esas experiencias les acompañan toda la vida. No solo les ayudan en su futuro profesional, también en su forma de afrontar los retos, de relacionarse con los demás y de valorar oportunidades que antes quizá pasaban desapercibidas.
Gestionar un negocio con operativa internacional exige mucho. ¿Cómo logras mantener el equilibrio entre el trabajo y tu vida personal?
No voy a decir que sea fácil, porque no lo es.
Hay épocas del año muy intensas. Trabajamos con distintos países, diferentes horarios y siempre puede surgir algún imprevisto.
Con los años he aprendido a organizarme mejor y, sobre todo, a confiar en el equipo que me rodea. Eso hace que hoy pueda afrontar el trabajo con más tranquilidad.
Cuando consigo desconectar, intento hacerlo de verdad. Estar con mi familia, viajar o simplemente disfrutar de los pequeños momentos me ayuda a volver con más energía.
Creo que el equilibrio perfecto no existe, pero sí es importante disfrutar de tu trabajo sin olvidar que también hay vida fuera de él.
¿Qué consejo le darías a una mujer de la red de AMPEA que esté pensando en emprender o hacer crecer su proyecto?
Creo que lo primero es dedicarte a algo que realmente te apasione. Emprender requiere muchas horas, mucho esfuerzo y también momentos complicados. Si no disfrutas de lo que haces, es muy difícil mantener la ilusión cuando llegan las dificultades.
También creo que nunca hay que dejar de aprender. Siempre hay personas que hacen las cosas muy bien y observarlas, escucharlas y aprender de ellas es una forma de seguir creciendo. No se trata de copiar sin más, sino de aprender de quienes hacen bien las cosas y adaptar esas ideas a tu propia manera de trabajar.
Y, sobre todo, le diría que sea fiel a sus valores. Cuando haces las cosas con honestidad, disfrutas con tu trabajo y crees de verdad en lo que ofreces, eso se transmite. La pasión es contagiosa y las personas la perciben. Al final, son la confianza y las relaciones que construyes las que hacen crecer un proyecto.
Después de tantos años acompañando a estudiantes que se marchan al extranjero, ¿qué es lo que más te emociona cuando los ves regresar?
Sin duda, comprobar todo lo que han crecido.
Muchas veces son los propios padres quienes nos dicen: "Ha vuelto siendo otra persona". Y no hablan solo del inglés, hablan de la seguridad con la que vuelven, de la madurez que han adquirido y de todo lo que han aprendido viviendo lejos de casa.
Creo que ese es el verdadero valor de una experiencia internacional. No consiste únicamente en estudiar en otro país, consiste en descubrir de lo que uno es capaz, aprender a adaptarse, ganar confianza y abrir la mente a otras formas de ver el mundo.
Al final, nosotros no solo ayudamos a organizar un curso en el extranjero, tenemos la suerte de acompañar a muchos chicos y chicas en una experiencia que, en muchos casos, acaba marcando un antes y un después en sus vidas. Y poder formar parte de ese camino sigue siendo, después de tantos años, lo que más me emociona de mi trabajo.
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