MUJERES VISIBLES: ELEANOR ROOSEVELT

 

Nacida el 11 de octubre de 1884 en Nueva York (EE.UU.), descendía de una familia de inmigrantes con una posición influyente y adinerada.

Eleanor Roosevelt fue una de las mujeres que, desde cargos institucionales y representativos, más influencia tuvo en la vida pública a nivel mundial durante la primera mitad del siglo XX. Cuando su marido, el presidente Roosevelt, fue elegido para representar al pueblo norteamericano en 1933, Eleanor Roosevelt se convirtió en Primera Dama, pero también fue la primera mujer en asumir responsabilidades que fueron más allá de los actos protocolarios que este cargo implicaba.

En ese momento no existía un protocolo de actuación ni papel relevante que la mujer del mandatario debiera cumplir. Pero Eleanor Roosevelt no se conformó con ser ‘la esposa del presidente’ y se convirtió en una mujer activa y comprometida con la sociedad.

Defensora infatigable de los derechos de las mujeres, se rebeló contra el apartheid de los afroamericanos. Participó activamente en la Liga de las Mujeres Votantes, en la Liga de Mujeres de la Unión de Comercio y en la División de Mujeres del Partido Demócrata. Por ello desarrolló una sensibilidad especial que le hizo ser una negociadora respetada en las Naciones Unidas.

Eleanor Roosevelt exigió que se reemplazara la frase “todos los hombres” por “todos los seres humanos”. Participó en la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, como líder del Comité de Derechos Humanos, ya que a partir de 1945 dedicó su activismo político a ser delegada de los Estados Unidos en Naciones Unidas.

Tras la muerte de su esposo continuó su activismo con el presidente Truman, que la nombró delegada ante la ONU y la calificó la “Primera Dama del Mundo”. En 1946, durante la reunión inaugural de la Asamblea de Naciones Unidas en Londres, leyó una carta para celebrar la paz tras la II Guerra Mundial: “Esta nueva oportunidad para la paz […] se ganó por medio de los esfuerzos conjuntos de hombres y mujeres que trabajaron por los ideales comunes de libertad humana en un momento en el que la necesidad de un esfuerzo unido quebrantó la barrera de raza, credo y sexo”.

Entre otras cosas, ayudó a impulsar Unicef. Dimitió de su cargo tras la llegada del republicano Eisenhower al poder, en 1953, aunque volvió en 1961, a propuesta del presidente Kennedy. Sus últimos años los pasó trabajando en distintas causas, dando conferencias y escribiendo su columna “My Day”. Murió en Nueva York en 1962, a los 78 años.

“En definitiva ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? Pues en pequeños lugares, cerca de nosotros; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en los mapas. Esos son los lugares en los que cada hombre, mujer y niño busca ser igual ante la ley, en las oportunidades, en la dignidad sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en esos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte”.

ELEANOR ROOSEVELT

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