MUJERES VISIBLES: CAROLINA CORONADO

 

Retrato de Carolina Coronado (Museo del Prado)

 

En 1820, hace 200 años, nacía la escritora romántica Carolina Coronado. Educada en una familia de ideología progresista y abanderada de los ideales liberales de la época, instituyó en su casa de Madrid un cenáculo literario y musical al que acudían artistas, intelectuales y políticos. Afectada desde su juventud por una catalepsia crónica que le llevó a “morir en vida” en varias ocasiones, encarna el ideal de artista y escritor del Romanticismo.
A Carolina le tocó librar una doble batalla: la de haber nacido en una región periférica, en un pueblo de la España del siglo XIX, con una mentalidad anclada en las viejas tradiciones y una sociedad dominada exclusivamente por el hombre, y la de, habiendo nacido mujer, querer dedicarse a la literatura.
Escritora de exquisita sensibilidad y con una gran carga de sensualidad, dedica parte de su obra a reivindicar el papel de las mujeres; así lo hace en el poema Libertad.

Escribió también novelas y obras teatrales con predominio de temas históricos y compromiso social. Coronado fue una de las cabezas más visibles, aparte de ser mentora de varias de ellas, de las poetas que formaron lo que se llama la «Hermandad Lírica». Esta estaba formada por un grupo de escritoras con unas características comunes: nacidas alrededor de 1820, pertenecientes a familias de la burguesía, autodidactas y que establecieron entre ellas unas redes de apoyo y de aliento mutuo que, en la mayoría de las veces, solamente era epistolar.
El feminismo de Carolina es el testimonio de una mujer inteligente y sensible con las dificultades que vivían las mujeres en su época, especialmente si quieren dedicarse a actividades, que no responden al papel que la sociedad les adjudica. Esta personalidad le acarreó muchas burlas y risas por parte de mujeres aristócratas e incluso por románticos del siglo, aunque se sostiene que en realidad se trataba de envidia.
Coronado arremetió contra un mal de todos los tiempos, la violencia machista en el poema ‘El marido verdugo’, en el que  condena los golpes y el maltrato psicológico que sufren muchas mujeres a manos de sus esposos.
También se comprometió con la abolición de la esclavitud y fue dirigente junto con Concepción Arenal de la Sociedad Abolicionista de Madrid.
Llegó a ser calificada con el título de «El Bécquer femenino».
Se casó con Justo Horacio Perry, diplomático norteamericano, secretario de la embajada de su país. Su casa en la calle de Lagasca se convirtió en lugar importante de la vida literaria madrileña y refugio de políticos tras la intentona de 1866.
En 1860 compra una finca en Poço do Bispo, cerca de Lisboa, conocida como Mitra. Allí vivirá con su esposo y su hija Matilde desde 1870, después de viajar por el extranjero.
Falleció el 15 de enero de 1911.

“Hay una secta de hombres implacables que, con su odio colectivo a todas las mujeres ilustres, antiguas y modernas, se han armado de la sátira, del desprecio y de la calumnia”.

(Fragmento de La Sigea.)

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