MUJERES VISIBLES: BERYL MARKHAM

Ninguna mujer lo había conseguido antes: sobrevolar el Atlántico de Inglaterra a Norteamérica. Hasta que en 1936 lo logró Beryl Markham (1902-1986) con un monoplano color turquesa de alas plateadas. Veinte horas y seis mil kilómetros sin escalas. La aviadora de Leicester ya estaba acostumbrada a aventuras arriesgadas. Alardeaba de aquella vez en que le mordió un león en Kenia, de pequeña… Con apenas 4 años llegó al África Oriental británica, donde su padre se había comprado una granja: “Me pasaba el día montada a caballo, cazando animales con los otros niños, porque papá no tenía tiempo de cuidar de mí”. Así que la niña se crió salvaje entre kavirondos, kikuyus y nandis; manejaba el arco y las flechas cual morani; podía saltar tan alto como un masai y hablaba igual de bien el suajili que el inglés. Beryl era una “pequeña salvaje” que no echaba de menos las comodidades de su Inglaterra natal.

A los diecisiete años, Beryl había desarrollado una pasión especial por los caballos convirtiéndose en la primera mujer con licencia para entrenar estos hermosos animales en Kenia. Beryl disfrutó y exprimió su juventud al máximo huyendo de cualquier convencionalismo. Tuvo varias relaciones sentimentales, entre ellas un escandaloso romance con Enrique de Gloucester, hijo de Jorge V, se casó tres veces y siempre tomó las riendas de su propia existencia. Beryl Markham congenió con otra mujer excepcional, Karen Blixen, la escritora danesa autora de Memorias de África.

Fue la primera mujer en obtener una licencia comercial de piloto: trabajó en el servicio postal aéreo, en el rescate de aviones estrellados y de mineros, como ambulancia y taxi, y para los grandes safaris, rastreando manadas de animales salvajes desde el aire. Sorprendió a todos cuando voló sola desde Nairobi (Kenia) hasta Londres: “Por naturaleza, un marinero debe navegar, y un piloto, volar”. Lo hacía sin radio, con un mapa y una brújula como principales instrumentos aeronáuticos. Por si acaso, siempre se montaba en la cabina con una pistola y un vial de morfina. Nunca los tuvo que usar. Acabó sus días en África, octogenaria.

 

 

En 1942 se publicaron sus memorias bajo el título Al oeste con la noche.

Tras pasar unos años viviendo en los Estados Unidos, Beryl regresó a su hogar en Kenia donde recuperó su otra pasión, la doma de caballos. La memoria de Beryl Markham y su hazaña en el aire cayó en el olvido durante décadas.

En 1983, una editorial norteamericana reeditó el libro después de haber descubierto una carta de Ernest Hemingway en la que alababa la obra de Beryl. «¿Leíste el libro de Beryl Markham, West With The Night? …Ha escrito tan bien, tan maravillosamente bien, que me siento totalmente avergonzado de mí como escritor. Siento que no fui más que un carpintero con las palabras, que recogía cualquier cosa que sirviera para el trabajo y la ensamblaba junto con las demás para llegar a hacer un bolígrafo mediocre». La calidad y belleza de su obra llegó incluso a provocar la sospecha de que Beryl no habría sido la verdadera autora. Fuera o no fuera ella la mano que escribió Al oeste con la noche, la reedición de su obra rescató del olvido a una Beryl anciana que vivía en la pobreza ayudada por algunos amigos. Los beneficios de su obra le permitirían mejorar su existencia los tres últimos años de su vida.

Beryl Markham falleció en Nairobi el 3 de agosto de 1986.

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